Que novedoso me resultó conocerte a través de unos puntos suspensivos, puntos hallados en el marco de una red social, con sólo un contacto en común y comentarios aislados que nos decían que no había de que temer, ni tu ni yo somos psicópatas como para preocuparnos…
Unos puntos que en su suspensión me hablaban de tu inquietud por encontrar respuestas pero sin el ánimo de realizar la pregunta, signos puntuales, carentes de intenciones tónicas, simplemente un silencio expresivo dispuesto a conservarse…
Inevitablemente pregunté y la conversación se tornó amigable, al paso del tiempo y el intercambio de opiniones fuimos conociendo poco a poco nuestras formas de vida, algunos gustos y casi nada de nuestros hábitos, solo un par de conocidos…
Recuerdo bien que nuestras conversaciones llegaron a evolucionar en una serie de gestos construidos con signos de puntuación, símbolos mezclados con ideas, conceptos traviesos, tímidos, cercanos o insinuantes, las palabras muchas veces sobraron…
Constantemente los acentos nos han acercado y alejado, de la mano o con la voz, pero jamás han pasado desapercibidos, siguen ahí, dando forma a la charla y de cuando en cuando sabor picante a los encuentros…
Fueron tres los puntos suspensivos que siguen aquí, cuestionando, sembrando silencios amenazantes y misterio seductor… Han sido siempre tres, no más, no menos… Con razón o sin pretexto e independientemente de su naturaleza, les agradezco el que me hayan aproximado a ti, aunque algún día, deba llegar el punto final.
viernes, 18 de marzo de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario