lunes, 24 de enero de 2011

Futbolito

¿Te acuerdas cuando íbamos en Primaria? Solíamos jugar soccer con bastante frecuencia, de hecho, ahora que lo recuerdo, me sorprende la frecuencia con que lo hacía. Cada recreo lográbamos alinear nuestra ya habitual escuadra contra aquel que osara enfrentarnos, yo te confieso que, sin entender una jota del juego, se que cada quien habíamos tomado la posición que mejor nos acomodó y fuimos desarrollando un equipo en toda la extensión de la palabra.

Recuerdo bien cuando comenzamos a creernos la idea de ser un equipo, tú en la delantera y yo en la portería, debidamente sincronizados, éramos seis los alineados, listos y dispuestos a defender nuestro prestigio en todo momento y ante toda la escuela. No faltaron equipos que nos retaran, incluso de grados superiores y si bien, no siempre obteníamos la victoria, si defendimos con bastante decoro nuestros nombres en el historial de esa cancha escolar.

¿Recuerdas aquella vez de la red de Volley? ¿No? Claro, no es para menos, ese día la pasión se desbordó de los límites del patio, corrimos como nunca, me tocó participar como defensa lateral, ahora lo sé, ese día solo entregue mi alma defendiendo nuestra portería y atacando la contraria, no nos importó que la red estuviera puesta, no medimos nuestra tradicional cancha, jugamos en todo el patio, el contrincante se portó a la altura de nuestro nivel futbolístico, atacábamos y defendíamos por igual las llegadas al arco, no había tregua, no habían faltas, era un juego limpio, con el corazón. Casi puedo ver la imagen contigo corriendo a mi lado, el balón lo llevabas tu, comencé a adelantarme para buscar el pase que concretara el gol, de pronto un sonido sordo, fuerte, hueco me hizo voltear hacia atrás, no te vi, simplemente ya no estabas, noté que el balón seguía su recorrido hacia a mí y, estoy seguro, sin querer, me indicó el camino hacia ti, en el suelo, totalmente espaldas planas, como dirían en las luchas, con una mano en la cara y la otra en la cabeza.
Los niños que venían detrás de ti me narraron los hechos, al momento de medir el pase y voltear al frente, ya no pudiste frenar tu carrera, ahora estabas demasiado cerca, el cordón que tensaba la red de Volleyball estaba justo en tu nariz, te detuvo en seco, pero solo de la cabeza, tus pies siguieron su trayectoria hacia la victoria, el resto de ti, simplemente no pudo, caíste violenta e irremediablemente de espaldas en el suelo, hubo quien aseguro que tu cabeza rebotó. No me imagino como habrás visto la escena cuando retiraste la mano de tu cara, estábamos todos alrededor tuyo tratando de que nos dijeras algo, pero solo sonreíste, te levantaste y seguiste jugando.

Ese mismo día, que por cierto, era fin de cursos, no estábamos solos en la escuela, habían padres de familia, recibiendo boletas o algo, pero mientras ellos atendían las cosas importantes en los salones, nosotros seguimos con nuestra justa, se acercaba el momento de dar por terminado el partido y por supuesto que debíamos anotar otro tanto para irnos con la frente aún más en alto, nuestros jugadores en la delantera tenían abierto el panorama para buscar el gol decisivo, nosotros estábamos recuperando el esférico justo frente a nuestra portería, ganaste la posesión y sin titubear, reventaste con un pase que debía cruzar la cancha entera, la delantera debía estar lista… pequeño detalle, el balón decidió no encontrar al jugador en cuestión, a cambio, eligió la frente de una madre de familia que iba saliendo del salón de su hija, en ese momento todo se movió como en cámara lenta, escuchamos el golpe, la señora caía lentamente mientras su hija solo gritaba “MAMA”, podría apostar que la señora todavía no tocaba el suelo cuando todos y cada uno de nosotros ya estábamos en el salón, refugiados, seguros. El partido se quedo ahí, ya no recuerdo el marcador pero que importa, la señora en cuestión estuvo bien y nadie resulto castigado; nunca supe si el dueño del balón salió de nuevo al patio para recuperarlo.

Después nos convencimos que ya habíamos alcanzado un nivel competitivo más allá de los muros de la escuela, además, todos veíamos “En Familia con Chabelo”, terminamos inscribiéndonos en el primer torneo interescolar de futbolito, patrocinado por el osito del cariño de siempre, comenzamos a jugar contra las primarias de la zona, después con otras del municipio, mas adelante con otras tantas que ya ni supe de donde eran, nos acercábamos decididamente a las etapas más emocionantes, ya habíamos ganado los partidos suficientes como para salir en televisión, el día se acercaba y la emoción nos embargaba a todos, desafortunadamente, los virus suelen ser silenciosos, enfermé de laringitis justo antes del partido, por supuesto no fui, nuestra portería quedo desprotegida y no es por demeritar el esfuerzo de mi remplazo, pero ya estábamos acoplados de cierta manera, me tuve que conformar con verlos en televisión, los vi perder, por goliza, me sentí peor que con la laringitis, durante las semanas siguientes decidimos no hablar del tema, ni siquiera jugar soccer durante el recreo y siendo franco, creo que ahí nació mi indiferencia por el juego, es más, no lo creo, estoy seguro que fue ahí, en ese momento, cuando decidí no saber más del soccer y sus traicioneros resultados.

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