domingo, 9 de agosto de 2009

Manzanero y sus Mujeres

Llegada puntual, escenario enorme ataviado con la orquesta, un piano, un sofá y diez sillas en un templete a espaldas del pianista, la escena se podía adivinar, tan solo quince minutos después de la hora citada apareció el genio que nos diera cita a todos los espectadores saludando, agradeciendo y presentándose con su singular chispa que le caracteriza, con tres de sus más representativos boleros dio arranque a una noche que ya de por sí se antojaba inmensamente romántica y bohemia.
La paisana Ariana fue la primera en aparecer con una voz lógicamente madurada tras los años desde sus últimos éxitos colocados en radio y festivales de los ochentas, tres canciones bastaron para ubicar de nuevo quien es esta cantante de origen Maya, bromeando con infinita familiaridad con el maestro compositor.
En lo que a mi me pareció una aparición muy temprana de una figura de gran talla apareció María del Sol con su único estilo y su tan personal voz interpretando lo mismo un bolero de siempre como una pieza operística que nos dejara con la piel chinita.
Una a una fueron apareciendo las artistas provenientes de cinco décadas musicales, diferentes estilos, diferentes voces, todas ataviadas como reinas, cantando como Diosas, haciendo gala de sus talentos y aptitudes que difícilmente podrían terminar, derroche de voces como el caso de Dulce o Lila Deneken, nóveles talentos como Liset, Myriam o Edith Márquez al lado de leyendas de todos los tiempos, con el nudo en la garganta y la emoción a flor de piel llegó la Mujer que nació para cantar, tan grande como siempre y con una dulzura en la voz, intacta voz que se lució como en aquellos discos que en mi infancia sonaran en el tocadiscos, con su belleza natural Manoella Torres llenó de recuerdo el recinto que la acompañara en su Potpurri de canciones que la dieran a conocer en todo el mundo de habla hispana. El siguiente momento grande llegó cuando apareció la Novia de México con su inmortal Edy Edy y su elegancia característica, levantando al público de sus asientos y arrancando el más largo de los aplausos y una entrega por demás emotiva de parte de los asistentes. Extranjeras como Margarita que cuidó de su voz y su reciente cirugía sin perder sentimiento y calidad en su interpretación y Ana Cirré con su dulce voz y su belleza que iluminó el escenario.
Una noche que fue creciendo constantemente en emoción y sentimiento, en lo personal, me mantuvieron con la garganta anudada, la piel chinita y la lágrima a punto de rodar, una noche que bien podría no terminar nunca, una noche de compartir anécdotas, bromas, chistes de yucatecos y emotivos recuerdos que viajaron poco mas de cincuenta años, una noche de manifestaciones de cariño, admiración y respeto entre las muy diversas intérpretes que nos deleitaron en su gusto por agradecer al compositor Maya que nos ha regalado motivos para seguir enamorándonos a mas de cuatro generaciones, una noche de Diosas donde no se extrañó a nadie aún cuando quedan en la cabeza muchas mas mujeres que han pasado por el mágico toque del maestro Manzanero, más allá de los colores, las marcas, las televisoras y las disqueras, nos regalaron una pequeña muestra de lo que bien podría ser una velada bohemia en la sala de Armando con sus invitados a cenar.

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