domingo, 28 de junio de 2009

Realidad

Es el amanecer quien me observa desde su muy arrogante postura, el esfuerzo debe ser constante, preciso, no hay nada como la brisa matutina que ligera me rodea y susurra sus intenciones, me otorga confianza, la cálida caricia del sol de verano acompaña mis pasos, deberes por cumplir y una alegre ansiedad por la efusión venidera. Viejas y no tan viejas sonrisas se acumulan al ritmo de las manecillas, la aglomeración comienza a hacerse notable, junto con la media noche llega el clímax del estruendo, euforia desbordada a risotadas, añejas anécdotas merodeando las cautivas memorias y escapando con la voz por cómplice aprovechando la rítmica conversación que espontánea no encuentra obstáculo, fluye, emerge, comparte, recuerda, inunda, abunda, regresa, voltea, obliga, defiende y atraviesa. Coqueta la noche concede tregua, clima propicio, las miradas pierden lo amargo y los tragos su vacío, conforme avanza busca sin remedio su final, el ruido comienza a ceder, el espacio vuelve a ser amplio, los pasos se tornan silenciosos y las voces pierden su volumen, cada instante se torna más grande y la adrenalina debe ceder, contenerse de nuevo y volver a su cajón desde donde impaciente esperará su siguiente oportunidad, inevitable se sucede la más temida combinación, todo terminó, ahora sólo quedo yo. silencio, oscuridad, soledad.

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