No se si algún día te enteraste que me gustabas, fue en aquellos años mozos de la preparatoria, siempre se me hizo raro que a esas alturas de nuestra vida, aún nos acomodaran por 'número de lista', sin embargo, mucho lo agradecí porque así podía verte diario muy de cerca, tan cerca como la H observa a la G.
Fueron varios los meses que te admiré mientras mi timidez me congelaba en mi asiento cuando tu me saludabas, si es que algún día te llegaste a dar cuenta, pues muchas gracias por no hacerlo evidente, si no hubiera sido por tu exnovio, quizá nunca habría tenido ningún acercamiento contigo, ahora que lo pienso, fue un gran compañero conmigo, conociendo mi 'secreto' jamás comentó nada, al contrario, él tuvo la gran idea de que fuera yo quien les ayudara con esa geometría analítica que yo tampoco entendía, un muy buen compañero hasta el día que lo encontraron en su cuarto con un tiro en la cabeza.
Quizás nunca supiste que el autor de esas cartas anónimas fui yo, al menos de esas que yo te hice llegar de una u otra forma, si recibiste alguna otra, ahí sí, ya no supe de quien fue. No siempre fue sencillo hacerte llegar esas cartas, cierto es que tuve mis cómplices, pero eso sólo era una parte del proceso.
El día que mas tiempo se mantuvo intacto en mi memoria, fue cuando tomaron la foto grupal de fin de cursos, para ese entonces yo no sabía anudarme la corbata, afortunadamente tu sí y estabas casualmente cerca, me ayudaste a realizar el nudo una, dos y hasta tres veces hasta que quedó adecuadamente realizado mientras me explicabas como hacerlo, también es cierto que tuve que volver a preguntar, ese día yo no estaba para aprender de nudos, de hecho, bastante logré con no babear.
Para el siguiente año ya no coincidimos en grupo, ocasionalmente nos llegamos a encontrar pero ya la magia no fue la misma, un año después de haber salido, mientras trabajaba de repartidor, solía pasar por tu cuadra, un tanto obedeciendo a la nostalgia y otro tanto tentando a la suerte, yo no se como habría reaccionado de haberte visto en la calle. Esas visitas fortuitas se volvieron nulas el mismo día que un doberman salió a mi encuentro desde el otro extremo de la calle, yo tratando de evitarlo y el perro corriendo hacia mi, justo de frente, pensé en evitar el impacto desviándome repentinamente en el último momento, el perro pensó lo mismo y del mismo lado, al principio pensé que había sucedido lo más parecido a un atropellamiento, con el tiempo supe que debieron ser mis nervios los que me hicieron abusar del freno delantero y de esa forma salir proyectado hacia el frente, arrastrando con la motocicleta detrás de mi y yo deseando que no me alcanzara, apenas me detuve me incorporé para darme cuenta que el doberman, intacto, estaba ya en su casa, la moto seguía encendida y todos los vecinos habían salido a ver que sucedía, afortunadamente tú no estabas ahí, fueron tus vecinos los doctores que me ayudaron a inmovilizar mi brazo y llamar a mi gerente para dar aviso.
Desde entonces ya no volví a pasar por tu cuadra, ni sin moto, ni sin perro, ni sin cartas, ni contigo. Hoy el recuerdo es divertido de principio a fin y cada que paso cerca de la zona, una pequeña voz me dice al oído: "¿te acuerdas?" Creo que es mi clavícula que también tomó con filosofía el incidente aquel.
viernes, 15 de julio de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario