sábado, 7 de febrero de 2009

Malinche

Viernes, 4 a.m., el día finalmente llegó, aún en Los Mochis con todo listo para emprender el viaje de regreso. Tres horas por carretera me separan del avión que me ha de conducir de Culiacán a Toluca para acercarme al punto y hora de reunión. Sueño de autobús, larga fila de aeropuerto y relajación total de avión me han devuelto a casa justo a tiempo para comer con la familia, aún faltan preparativos pero es prioritaria una visita a la regadera para la completa recuperación de la conciencia. Mi hermana sigue de compras y con los pendientes del menú para llevar con nosotros. Todo debe estar en orden antes de las 7 p.m. y el celular no para de sonar atrasando el horario del obligado baño. Finalmente Laura y Flor han regresado con los víveres y se disponen a comer antes de preparar mochilas, casi junto con ellas llega Mónica que, aunque ella no irá, se acomidió a pasar por mi sobrino Dante que si en algo se parece a los tíos es en su disposición por lo desconocido. Las mochilas están quedando listas con el excedente de ropa y los alimentos precisos para la travesía que nos espera.
Recibido el aviso del arribo del resto de los participantes, subimos equipaje al auto y nos dirigimos al punto de reunión. Aún no comprendo a quien pretendíamos engañar asignando un punto de reunión distinto al tradicional, finalmente volvimos a casa de Fadua para acomodar las maletas y las personas en los vehículos.
Fue necesario que las demás personas se adelantaran tras una falla mecánica en nuestro auto que nos obligara a volver para cambiar de vehículo.
Sábado 3 a.m. emprendemos de nuevo el camino ahora en el compacto que Fernando puso a disposición de la misión colectiva. Tomamos la salida a Puebla hasta alcanzar la desviación en Amozoc que dice –San Martín, Tlaxcala-, una hora mas tarde ya estamos leyendo los señalamientos que indican las desviaciones hacia Apizaco y Huamantla, conforme a las indicaciones recibidas nos orientamos a Huamantla y buscamos la escondida vereda que ha de aproximarnos aún mas a la montaña.
Mismo sábado 7 a.m. y después de corregir varias veces nuestro camino hemos llegado al Centro Vacacional de la Malintzi. Las cabañas han sido asignadas previamente al resto del grupo, nosotros cabemos en la segunda que alberga a 6 personas, en la otra hay 9 mas. Aún cuando he recuperado el ánimo y el cansancio no parece suficiente, soy convencido de dormir al menos un par de horas antes de comenzar la caminata que hemos venido a enfrentar.
11 a.m. estamos, por fin, reunidos los quince ya con mochilas de asalto llenas de víveres, hidratantes, botiquines y dulces, hay quien se prepara con vendajes en las rodillas ante la sensibilidad conocida, hay quien sigue sin comprender porque pedimos que llevaran un excedente de ropa abrigadora, hay quien sigue nervioso o nerviosa por el desconocimiento de la natural reacción del organismo ante la variación del entorno ambiental, es la altura la que causa mayor temor, es el frío el que algunos están subestimando.
Comenzamos la caminata saliendo del Centro Vacacional y tomando rumbo a la cima de la cuarta montaña más alta del país.
Al principio todo es ánimo y entusiasmo, la plática abunda y suena más nerviosa que habitual, la pendiente aún es suave pero constante, el bosque y su silencio comienzan gradualmente a rodearnos, inevitablemente el grupo se comienza a separar, existen principalmente dos tipos de participantes, los más jóvenes, entusiastas e incluso deportistas y los mayores con las debidas consecuencias del sedentarismo citadino, es así como nos vamos quedando atrás conforme la subida se prolonga. Tenemos identificadas tres bases que han de servir como referencia y en caso, como puntos de reunión, la primera de ellas parece más lejana de lo platicado pero aún estamos muy inmersos en lo espeso del bosque donde las distintas clases de pinos predominan ante nuestros ojos, hay quien ya quiere desistir en el intento aún antes de alcanzar nuestra primera meta donde ya nos avisaron los adelantados que han llegado con éxito, sin embargo la ventaja es más aparente que real, nos percatamos que no vamos muy separados del resto, al parecer nuestro paso no es del todo lento. Una vez reunidos en la primera base, hacemos una breve pausa para comentarios, hidratación y energía disfrazada de chocolates y gomitas. Las posiciones en la caminata son respetadas inevitablemente y el grupo puntero se adelanta de nueva cuenta mientras el resto reacomodamos chamarras, víveres y piedras en los zapatos, al reanudar la caminata ya nos alcanzó la una de la tarde y los latidos del corazón comienzan a sentirse en los oídos, el ritmo ya se aceleró y es momento de ser más cuidadosos con la agitación física, máxime que la pendiente se ha tornado considerablemente más pronunciada, es ahora cuando las raíces salidas y piedras incrustadas servirán como escalones para lograr ascender sin forzar los tobillos. Laura hace compañía a Dante y su nervioso malestar, no es de su gusto pero deben volver a la cabaña. “Observen la estatura de los árboles” le comento a mis acompañantes, es notoria la altura que llevamos al ver más de cerca las copas de los árboles y el espacio libre que comienza a crecer entre ellos, allá arriba donde se percibe una ligera disminución en la dificultad de la subida, es allá donde se forman terrazas y se observa a lo lejos las ciudades de Huamantla y Apizaco entre nubes y azules desvanecidos, es esa vista la que más motiva a continuar sin importar el cansancio, simplemente cuidando el ritmo cardiaco y el dolor de las articulaciones. Han sido varias pausas antes de llegar a la segunda base, pero al vislumbrarse el valle superior y la ausencia de árboles, comprendemos lo cerca que estamos de llegar.
Es un árbol de considerable tamaño el que domina el valle donde termina el bosque y nos muestra en pleno el último tramo por subir, de follaje abundante y visible a gran distancia nos define la segunda base, donde encontramos a Yonathan descansando mientras que el resto están por alcanzar la tercera base en el último escalón antes de la cima, coincidimos con la pequeña perra que acompaño a los demás hacia arriba pero ha decidido regresar para hacerle compañía a Yon, cumplimos con la debida recuperación de minerales y energía y sin entretenernos mucho decidimos continuar hacia la tercera meta, ya por radio nos anuncian que han llegado y están evaluando quien seguirá hasta la cima.
Pasan ya de las 3 p.m. cuando estamos recorriendo el tramo conocido como “El Arenal”, un zurco hecho por el escurrimiento de los constantes deshielos propios de las alturas, se aprecian las rocas de contenido tamaño y arena suelta que en ocasiones nos regresa más distancia de la que conseguimos avanzar, resulta cansado mantener el paso firme en esta vereda por lo que decidimos subir por el monte, entre pastos y rocas pero en un escarpado mas inclinado, es aquí donde Lorena opta por la integridad de sus rodillas y mejor regresa a la segunda base para descansar y esperar el momento del descenso, su grito de “ánimo” y “Flor, eres mi gallo!” nos empujan con singular fuerza cuesta arriba, de momentos no resulta visible la roca que distingue a la tercera base, pero el viento helado nos indica por donde debemos subir, de cuando en cuando es necesario apoyarnos en las rocas o jalarnos de las cortas matas de hierba que ahí abundan, es impresionante la baja temperatura que sufren a esa altura las plantas y rocas, desde ahí luce minúsculo aquel frondoso árbol donde se quedaron nuestros compañeros a esperar.
5 p.m. estamos propiamente llegando a la tercera base donde nos encontramos con casi todos los demás, hay cuatro que si optaron por la satisfacción de conocer la cima absoluta, aún cuando la vista desde este punto es dominante de todo el rededor, lamentablemente no son visibles las otras cimas importantes del país que, en días despejados, se yerguen imponentes a la distancia. Después de la obligada sesión de fotos, a las 17:30 emprendemos la bajada de la montaña, algo dentro de mi me pedía continuar y tratar de alcanzar la meta máxima, es el horario lo que nos obliga a tomar la cuesta abajo, nadie quiere conocer esas alturas de noche, debemos alcanzar el bosque de nuevo antes que el sol se oculte, con algunas dificultades en 2 participantes al sentirse dominadas por las alturas, conseguimos bajar apenas a tiempo para ir integrando de nuevo al grupo en el descenso, en efecto, la noche nos ha alcanzado pero en lugares más seguros ante la caída de temperatura que nos espera.
La caminata de regreso no es menos complicada que al subir, la tierra suelta, las raíces y el cansancio, le otorgan al declive una dificultad peculiar, hay quejas, señales de desesperación pero mucho compañerismo que, al final, nos ayuda a todos a conseguir llegar hasta el Centro Vacacional de nuevo, completos, contentos y hambrientos, son esos tacos repletos de nopal y papas a la francesa los que acompañan la conversación y las anécdotas de cada uno, los gestos son de cansancio extremo, sin embargo, las sonrisas y las voces hablan de una satisfacción tan personal como colectiva, ha sido un excelente grupo el que ha logrado hacer que doce personas llegaran a la tercera base y cuatro, prácticamente a la cima. Bien hecho por todos, fue admirable el esfuerzo que cada quien hizo por cumplir su reto personal.
Ahora nos queda darnos un buen baño con agua caliente, dos aspirinas y a descansar, no sin antes convivir en las cabañas con un ameno dominó. Ha habido mucho aprendizaje en todos, a partir del siguiente día hábil comienzan los preparativos para la siguiente excursión, ya veremos a donde, pero con La Malinche hemos ya fijado una cita para el año entrante, ahora con más experiencia y si podemos, con más asistentes.

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