Nosotros solíamos ser un grupo unido de amigos, recuerdo que ustedes dos jamás dejaron de verse, a mi me aceptaron de vuelta una vez que concluimos el bachillerato, a ustedes los unió la primaria, yo los conocí hasta la secundaria y sin embargo, me recibieron en su mini núcleo social.
La manera en que el grupo se fue alimentando y creciendo me sigue pareciendo de lo más curioso, primero sus hermanas se adhirieron, ellas también se conocieron en la escuela, aunque no fueron precisamente cercanas ni antes ni después de haber socializado con nosotros y mientras uno de ustedes hacia derroche de celos, el otro fríamente demostraba lo poco que le importaba que a mí me gustara su hermana, fue un triángulo inconcluso, yo no pensaba involucrar a ninguna de mis hermanas en esa dinámica, comenzando por la diferencia de edades y después porque tampoco estaba en las negociaciones.
Casi al mismo tiempo fue invitada la mejor amiga de la secundaria de tu hermana, todas ellas apenas tres años menores que nosotros, todavía tengo clara la imagen de tu rostro cuando la presentó y se clavó tu mirada en sus ojos grises y su blonda y rizada cabellera, entonces se volvieron un tanto insistentes tus halagos hacia ella, lo demás, es lo de menos.
Después llegaron los vecinos incómodos, digo, él no tuvo la culpa de gustarle a tu hermana, su única responsabilidad fue caer en la cuadra correcta en el año indicado, lo demás solo sucedió sin que pasara nada, el cumplió su ciclo y volvió a mudarse, esta vez, más lejos que cerca y no volvimos a saber de él ni de su hermana menor de edad que tanto prometía cuando creciera.
Las compañeras de preparatoria de tu hermana junto con sus amigos le dieron un toque de variedad al grupo, nueva sangre, otras opiniones y nuevos lugares para visitar, sin dejar de lado que ahora ya llegábamos a mas colonias en la serenata del diez de mayo, misma que solo hicimos dos veces por lo tarde que terminábamos y ni así, libraban ellas el regaño de andar tan tarde con “quien sabe quién”.
Para cuando invitaste al amigo de tu papá, que es mas de nuestra edad que de la suya, también apareció el novio de tu hermana, puedo entender que tu papá confiara en su amigo para que condujera sus autos, pero confiar en tu cuñado en turno para que se llevara los clásicos y musculosos vehículos a pernoctar a su casa del barrio de Azcapotzalco, recuerdo que jamás lo logramos entender, eso sí que fue un acto de fé. Ellos se integraron justo a tiempo para ser partícipes de nuestro campamento en la playa, pero de ese platicaremos después, trece personas en una van viajando a Veracruz con presupuesto limitado, es digno de ser comentado en sesión exclusiva.
Por esos años apareció tu prima, fueron los años que quisimos conocer el mundo y llegar a lugares míticos que la moda musical obligaba a conocer, quisimos ir a las zonas más fresas, donde todo mundo recomendaba salir a bailar, conocer las discos en boga, zona rosa, insurgentes sur, Tecamachalco, Santa Fe, la Condesa, la Roma, Centro histórico, siempre con el mismo resultado, de la cadena no pasamos.
Para entonces yo trabajaba en la pizzería, todos ustedes me esperaban a que yo terminara mi turno del fin de semana, me diera mi baño “vaquero”, me cambiara de ropa y patrocinara la cena que la franquicia me otorgaba, de ahí, la noche sería nuestra, el mundo nos quedaría pequeño, no contábamos con que los cadeneros de los lugares de moda no estuvieran de acuerdo con nosotros, recuerdo que, gracias a las pizzas, yo conocí dos lugares de dimensiones reducidas en la colonia Florida de Satélite, los empleados de ahí querían cenar y nosotros queríamos bailar, el intercambio me hizo cliente frecuente de estos lugares, el éxito no obtenido en las discos del D.F., los hizo frecuentes a ustedes también, al paso de los intentos ya no viajábamos al sur, lo mejor era ir directo a estos lugares, la variedad la proporcionaba la escalera, once escalones por debajo del nivel de la calle, entrabamos a “el fin del Mundo”, mientras que veinticuatro escalones por encima de nuestra caminata, podíamos conocer “el Cielo”. Dos opciones de música ligeramente distinta –al menos hasta donde mi memoria guarda- barras libres al alcance de nuestros bolsillos y constantes cortesías que servían de pretexto para no seguir buscando rechazos en cadenas lejanas.
¿Borracheras? Muchas y cada uno de nosotros llegamos a ofrecer nuestra segunda identidad, unos más, otros menos, el romántico, la nostálgica, el hiperactivo, la cachonda, el bailarín, la malagradecida (por aquello de devolver la cena), el torero (que no faltó que saliera en hombros), en fin, pero eso sí, nadie se quedó con las ganas de experimentar y vivir y que mejor que a esa edad.
Al final, las parejitas se formaron, otras no cuajaron, hubo quien se mudó, hubo quien se enojó y no podía ser de otra manera, esa etapa así debía ser y cada quien tendría que encontrar su propio camino, se formaron familias y se formaron destinos, lo que no se perderá jamás, es el aprendizaje vivido, hoy por hoy, me alegro de poder continuar contando con ustedes y con aquellos que decidieron permanecer en nuestro grupo, tan unido como antes, andando paso a paso, entre el cielo y el fin del mundo…
jueves, 28 de abril de 2011
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